No somos suficientes
No somos suficientes para esta vida. Cuando era niña, algunos adultos fastidiosos me llamaban húngara-bato porque era muy delgada. A los catorce años me dieron pastillas para abrir el apetito y malteadas para subir de peso; una médica había dicho que no tenía suficientes kilos. A los 19 años uno de mis mejores amigos me dijo: para que sea perfecta le faltan varios centímetros de tetas, no tiene suficientes.
Lo que sí han sido suficientes en mi vida son las frases con que algunas personas y la misma sociedad me ha querido enseñar y hacerme aceptar que no soy suficientemente: madura, flaca, atlética, gorda, blanca, negra, inteligente, astuta, tonta, amable, fuerte, delicada, conocedora, experta, creativa, femenina, exitosa, fracasada, rica, pobre, estable… No somos suficientes para una sociedad en la que la búsqueda de lo suficiente, medido en éxito y perfección, ronda medidas ilógicas, ridículas y desgastantes.
Por años he escuchado a mujeres y hombres, amigos y no amigos, llenos de miedos, frustraciones y traumas originados en la idea de que “no son suficientes” para atreverse a iniciar proyectos, para conseguir novio o novia, para ser madres o padres, para pedir un aumento de salario, para conseguir un mejor empleo, para renunciar a un pésimo empleo, para salir del clóset, para dejar a una pareja violenta, para denunciar la violencia…
La sociedad nos enseña a entender que no somos suficientes, nos da modelos de lo que podríamos considerar suficiente, pero no nos muestra el camino para llegar a esos niveles, los sacrificios y las ausencias que provocan “ser suficiente”.
Cuando tenía 29, diez años después del incidente de las tetas con mi amigo, como si la vida hubiese marcado el tiempo, él mismo, mi amigo, me dijo: es que tienes las tetas perfectas, si fuesen grandes serían de novia de ‘traqueto’ y la verdadera belleza requiere de elegancia. Yo creo que la verdadera belleza y la vida misma requieren de aceptación, de valentía, paciencia, tolerancia y diferencia. Mis tetas han cambiado un poco, sólo por lo que provoca el paso de los años y un par de kilos más. El gran cambio en la historia fue en la idea de belleza de mi amigo, él cambió y con eso cambió mi cuerpo para él.
En muchas ocasiones he sido suficiente para mí misma y allí radica la fuerza que me ha impulsado en los mejores momentos de mi vida. Ha habido otros tantos periodos en los que no he sido suficiente para mí misma y han sido los peores; he adoptado las ideas y discursos de otros que me califican y juzgan, los he tomado aún sin pensarlos y sin creer realmente en ellos. Siempre el rescate llega gracias a que he tenido suficientes mujeres inteligentes y sanadoras a mí alrededor, suficiente familia, suficientes amigos, amigos suficientes, suficientes ganas, suficiente vida. Ojalá actuar pensando en la coherencia propia con el corazón fuese suficiente para acabar con la necesidad de ser suficiente, porque no somos suficientes.
Comentarios