Diario de una Zunga
Si una mujer se acuesta con un hombre tras una semana de conocerlo… es una perra. No hay de otra. Si un hombre se acuesta con una mujer después de una semana de conocerla… ¿qué es?
Cada vez me canso más de aquellas personas que pretenden que hombres y mujeres tengamos los mismos derechos, pero en condiciones distintas.
Hace mucho que no sentía rabia e indignación 'feminista', las había calmado. Pero el día del cumpleaños de Óscar fue como si una bola de fuego presionara para salir, una ira tan fuerte como si mil soles estallaran y arrojaran su energía a un solo punto del universo.
Los hombres estaban aburridos porque en la mesa había pocas mujeres. En ese momento no sabía si hasta podría ser un elogio su insistencia por estar cerca de las mujeres. Por supuesto, ellos ni cortos ni perezosos 'conquistaron' un grupo de niñas que estaba en una mesa cercana. Bailes iban y venían, manos que subían y bajaban, sonrisas, miradas provocativas, miradas indecentes. Hombres y mujeres tenían las mismas condiciones, posibilidades y reglas de juego, por supuesto, una meta única.
Todo iba bien, mi amiga Diana y yo nos dedicamos a charlar y nos excluimos del bacanal que se estaba tramando. ¿Por qué los hombres no entenderán que a diferencia de ellos, las mujeres disfrutamos compartir con las de nuestro género? El primo de Óscar, el más joven de todos los hombres presentes, de ojos claros, cabello rubio y unos kilos de más, se acercó para sacarnos a bailar y hablar un rato.
Mi mirada se clavó en una de las desconocidas que se movía como si en vez de bailar tuviera un imán atrayente en su cadera. Tal vez sí para ellos. Fui prejuiciosa, lo admito; quizás hasta fui envidiosa.El primo, sin pensar si quiera en lo que su comentario provocaría, dijo acercándose a mi oído: qué se puede esperar, son calentanas. – ¿Por qué lo sabes? Indagué mientras tenía en mente que yo soy de una ciudad donde la temperatura es alta, caliente. Hubiera sido menos irritante poner ají picante en mi lengua que escuchar su respuesta. – Mírelas que llevan sandalias y dijeron que eran de Bucaramanga, calentanas al fin y al cabo, las de allá son bien 'zungas'.
Con una calma que sólo daba para sospechar una encendida furia que se cocía en mis adentros, me acerqué a Diana y le conté. Con la misma parcimonia se levantó, se paró junto a mí, las dos con la espalda erguida, los brazos cuadrados en la cintura y la mirada acusadora. Y como si un dulce veneno saliera de mi boca me acerqué al oído del primo y le dije: ella y yo somos de Bucaramanga. En realidad, ¿somos tan zungas como dices?Su rostro, que estaba rojo por el calor del lugar y el agite del baile, se tornó de un pálido casi como el de su cabello.
Ni siquiera sabía y aún no sé el nombre de aquellas mujeres, mucho menos si en realidad eran calentanas. Pero por qué esa noche ellas fueron vistas como unas perras, mujeres indignas que sólo sirven para ser llevadas a la cama por una noche. ¿Acaso ellas buscaban otra cosa? ¿Acaso eso es malo? Por supuesto que lo es, para la mayoría de la gente. Los hombres de esa noche que simplemente buscaban estar con una mujer en una cama, que lo hicieran ellos no estaba o no está mal.¿En qué punto la conquista que inicia entre iguales deja a las mujeres como unas perras y a los hombres como los machos victoriosos?
Somos diferentes, es cierto. Es ridículo comparar a una mujer con un hombre. Pero nuestras distinciones no pueden permitir que seamos juzgados bajo condiciones tan opuestas.Esa noche, las desconocidas mujeres hicieron lo que quisieron y fueron lo que quisieron. Al día siguiente no llamaron, desaparecieron tal como llegaron. Ellos… siguen pensando que el mejor juego es el de 'ser hombres', pues sólo los hombres pueden hacerlo. ¿Tan seguros están?
Cada vez me canso más de aquellas personas que pretenden que hombres y mujeres tengamos los mismos derechos, pero en condiciones distintas.
Hace mucho que no sentía rabia e indignación 'feminista', las había calmado. Pero el día del cumpleaños de Óscar fue como si una bola de fuego presionara para salir, una ira tan fuerte como si mil soles estallaran y arrojaran su energía a un solo punto del universo.
Los hombres estaban aburridos porque en la mesa había pocas mujeres. En ese momento no sabía si hasta podría ser un elogio su insistencia por estar cerca de las mujeres. Por supuesto, ellos ni cortos ni perezosos 'conquistaron' un grupo de niñas que estaba en una mesa cercana. Bailes iban y venían, manos que subían y bajaban, sonrisas, miradas provocativas, miradas indecentes. Hombres y mujeres tenían las mismas condiciones, posibilidades y reglas de juego, por supuesto, una meta única.
Todo iba bien, mi amiga Diana y yo nos dedicamos a charlar y nos excluimos del bacanal que se estaba tramando. ¿Por qué los hombres no entenderán que a diferencia de ellos, las mujeres disfrutamos compartir con las de nuestro género? El primo de Óscar, el más joven de todos los hombres presentes, de ojos claros, cabello rubio y unos kilos de más, se acercó para sacarnos a bailar y hablar un rato.
Mi mirada se clavó en una de las desconocidas que se movía como si en vez de bailar tuviera un imán atrayente en su cadera. Tal vez sí para ellos. Fui prejuiciosa, lo admito; quizás hasta fui envidiosa.El primo, sin pensar si quiera en lo que su comentario provocaría, dijo acercándose a mi oído: qué se puede esperar, son calentanas. – ¿Por qué lo sabes? Indagué mientras tenía en mente que yo soy de una ciudad donde la temperatura es alta, caliente. Hubiera sido menos irritante poner ají picante en mi lengua que escuchar su respuesta. – Mírelas que llevan sandalias y dijeron que eran de Bucaramanga, calentanas al fin y al cabo, las de allá son bien 'zungas'.
Con una calma que sólo daba para sospechar una encendida furia que se cocía en mis adentros, me acerqué a Diana y le conté. Con la misma parcimonia se levantó, se paró junto a mí, las dos con la espalda erguida, los brazos cuadrados en la cintura y la mirada acusadora. Y como si un dulce veneno saliera de mi boca me acerqué al oído del primo y le dije: ella y yo somos de Bucaramanga. En realidad, ¿somos tan zungas como dices?Su rostro, que estaba rojo por el calor del lugar y el agite del baile, se tornó de un pálido casi como el de su cabello.
Ni siquiera sabía y aún no sé el nombre de aquellas mujeres, mucho menos si en realidad eran calentanas. Pero por qué esa noche ellas fueron vistas como unas perras, mujeres indignas que sólo sirven para ser llevadas a la cama por una noche. ¿Acaso ellas buscaban otra cosa? ¿Acaso eso es malo? Por supuesto que lo es, para la mayoría de la gente. Los hombres de esa noche que simplemente buscaban estar con una mujer en una cama, que lo hicieran ellos no estaba o no está mal.¿En qué punto la conquista que inicia entre iguales deja a las mujeres como unas perras y a los hombres como los machos victoriosos?
Somos diferentes, es cierto. Es ridículo comparar a una mujer con un hombre. Pero nuestras distinciones no pueden permitir que seamos juzgados bajo condiciones tan opuestas.Esa noche, las desconocidas mujeres hicieron lo que quisieron y fueron lo que quisieron. Al día siguiente no llamaron, desaparecieron tal como llegaron. Ellos… siguen pensando que el mejor juego es el de 'ser hombres', pues sólo los hombres pueden hacerlo. ¿Tan seguros están?
Comentarios
Muy sabrosa ese pensamiento. Estaré pendiente de más. Un beso y un abrazo. Nicolás Peña.
Un toque ti ... me asombra mucho la sutilidad, con la que solo unas palabras causan el impacto necesario para hacer explotar lo que quiera....
Un beso panita ....
Y estare pendiente .... XD
ClaudiaToscano
muchos abrazos y besos julian d
Si es cierto que es una sociedad machista, y también es cierto que se generaliza estupidamente la mujer calentana-zunga, y te elogio tu valor y sensibilidad de pensamiento, aunque no siempre me gustan los escritos nacidos de la rabia por que pueden perder mucha objetividad y desviarte del objetivo.
Es evidente que en el juego de las relaciones (todo el adorno, tácticas y estrategias que se utilizan y utilizarán) las reglas estan marcadas por unas costumbres bien arraigadas. Por eso peleaba con una amiga que se quejaba de otra por que sacó a bailar a un hombre en un bar, ella estaba indignada de lo hiciera, y yo le decía ¿por que no?, a mi me ha pasado y no pienso que por eso la nena se quiere acostar conmigo o hecharme los perros. En puntos como esos las mujeres también demuestran unos lineamientos bien aprendidos del juego: Yo estoy en esta mesa-tu nos miras-yo te sonrio-me invitas a bailar-me endulzas el oido-y tal vez te haga caso. Los zopilotes que prejuzgan a las mujeres por su origen se merecian tal vez algo mas que solo pasar una verguenza. Bravo por no quedarte callada y por tu honestidad, espero que el próximo sea con menos rabia y generalizaciones (nosotros tambien disfrutamos compartir con nuestro genero), un abrazo y hasta prontico.
Es muy comun escuchar ese tipo de comentarios hechos hacia una mujer costeña o paradojicamente de algun otro lugar...
Me gusto tu articulo
BYE !!!
(desocupada :P)
Bueno, respecto al tema en cuestion. Sigo el pensamiento de Cristina (la del ultimo comentario).
Nenas zungas hay, y muchas. Pero, eso no quiere decir que cualquier mujer que libremente exprese su sensualidad sea una zunga.
Bien Maria por defender la tierra.
Besotes,
Guido
Claudia
Claudia
Primero saludarte y felicitarte, por tus dotes de escritora, muy bueno e interesante tu ensayo. Nuestra sociedad desgraciadamente es de corte machista, patrocinada por las mismas mujeres, por ejemplo las mamás para los permisos mixtos en las salidas de campo a las niñas rara vez las dejan ir. Sucede lo contrario si es varón y van a ir niñas, la mamá está complacida y lo deja ir.
Yolanda Henao
Primero saludarte y felicitarte, por tus dotes de escritora, muy bueno e interesante tu ensayo. Nuestra sociedad desgraciadamente es de corte machista, patrocinada por las mismas mujeres, por ejemplo las mamás para los permisos mixtos en las salidas de campo a las niñas rara vez las dejan ir. Sucede lo contrario si es varón y van a ir niñas, la mamá está complacida y lo deja ir.
Yolanda Henao
1 de septiembre de 2008 16:53
Jose Calderon
En definitiva, moralizar sobre la sexualidad ajena me parece de conventillo o de beatas. O de gente amargada.
Cada quién puede hacer de su cuerpo lo que mejor le parezca. En definitiva, lo que nos ha de importar es qué tanto nos respetamos nosotros mismos y qué es lo que cada uno considera respeto por sí mismo. Para mí, no tiene mucho que ver con meterme en la vida ajena.
Sobre lo del machismo, sí, definitivamente es cultural, y sólo con el paso del tiempo se podrán zanjar esas heridas nacidas de la ignorancia y del legado de nuestros antepasados. Sin embargo, tu comportamiento y tu opinión son fuerza para las mujeres, para que se hagan respetar.
Un abrazo y te espero en mi blog :D.