El encarrete
Tengo nuevo amante. Una de esas relaciones en las que los dos decimos que somos amigos especiales, que no queremos algo serio o no tan serio, pero que empieza con la intensidad de los novios y se va transformando en algo que no se sabe qué es, tal y como se propone. Delicioso ¿no? Pero la vaina siempre termina jodida.
Nosotras las mujeres tenemos varias opciones para el final. La primera es a la que más le temen ellos: que nos encarretemos, y no hay que negarlo, muchas de nosotras también le tenemos pavor, perder la cabeza por un amante no es lo más racional del mundo, pero tal vez puede ser tremendamente delicioso, adictivo o romántico.
Otra, que el man se termine encarretando y uno no, como la que me pasó hace años con un arrocito en bajo que cruzó varias ciudades para verme en Navidad. La sorpresa fue más grande para mí, evidentemente en el momento, pues me quedé petrificada en la puerta de mi casa mirándolo bajar del carro de su amigo que lo había llevado durante seis horas por carretera. Pero les aseguro que el golpe fue más duro para él: yo estaba con mi novio oficial, ese que uno le presenta a la familia y que exhibe ante los amigos como el hombre perfecto, así uno de cuando en cuando busque un mejor amante en la cama (que lance la primera piedra aquel que no ha tenido un amante o al menos se ha rumbeado a alguna cosita rica a pesar de tener novio o novia, es decir, que no vengan a decir que no han puesto los cachos así sea una vez en la vida, por más chiquita que sea… las mentiras piadosas siguen siendo mentiras).
Quizá una salida victoriosa es la que practica una amiga cada vez que entra en estado de consciencia de que puede ser víctima del encarrete. Huye, sin previo ni más aviso. Una simple despedida o más fácil aún, no más llamadas, no más visitas, no más nada de nada. Una decisión salomónica… sálvese quien pueda.
Para ellos el final no cambia mucho… creo, igual no tengo mayor autoridad para hablar al respecto. No soy hombre, por más que mis amigos hombres en ocasiones me tratan como uno más de ellos porque escucho sin juzgar sus diabluras, sus aventuras, sus picardías, lágrimas, confusiones, decepciones, desesperaciones.
Bueno, volvamos al principio. Tengo un nuevo amante y ¡qué cosa tan buena! Creativo, divertido, fantasioso, atlético, pasional, tierno, discreto, fuerte, sensible, fogoso, no sobra decir que es uno de los mejores amantes que he tenido hasta el momento, ¡qué cosita!
Obviamente, las cosas no son completas… esto es un planeta de humanos y aquí no hay perfección, así el destino, Dios, la vida, la fortuna o uno mismo ya tenga planeado su camino. Pues bien, él está más confundido que yo. Yo, que ya estoy entrando en el campo de la encarretada consciente; yo, que había prometido no salir con un man en todo este año; yo, que siempre caigo una y otra vez; yo, que no puedo resistirme a un buen beso, una linda sonrisa y un buen amante. ¿Qué se hace? Soy de esas mujeres que no temen disfrutarse una buena cama, que a sus 24 años acepta la responsabilidad de tener un buen reto en su catre, que decide a quién meter o no en sus sabanas porque mi culo es mío y yo veré qué hago con él.
Pero ya he decidido… qué más puedo hacer que no esperar mayor cosa y dedicarme a disfrutar. Ya pasé por un día de mojito cubano, chocolate y series romanticonas que acompañaron una agonía y la crisis de la confusión. ¡Fiu! Menos mal de esas me recupero rápido y vuelvo a estar lista para seguir en el mercado del soltero y en el campo de los amigos con derechos sin tantos deberes. Vamos a ver si en esta ocasión descubro una opción distinta a ser la encarretada, ser la que huye o ser de la que se encarretan.
Nosotras las mujeres tenemos varias opciones para el final. La primera es a la que más le temen ellos: que nos encarretemos, y no hay que negarlo, muchas de nosotras también le tenemos pavor, perder la cabeza por un amante no es lo más racional del mundo, pero tal vez puede ser tremendamente delicioso, adictivo o romántico.
Otra, que el man se termine encarretando y uno no, como la que me pasó hace años con un arrocito en bajo que cruzó varias ciudades para verme en Navidad. La sorpresa fue más grande para mí, evidentemente en el momento, pues me quedé petrificada en la puerta de mi casa mirándolo bajar del carro de su amigo que lo había llevado durante seis horas por carretera. Pero les aseguro que el golpe fue más duro para él: yo estaba con mi novio oficial, ese que uno le presenta a la familia y que exhibe ante los amigos como el hombre perfecto, así uno de cuando en cuando busque un mejor amante en la cama (que lance la primera piedra aquel que no ha tenido un amante o al menos se ha rumbeado a alguna cosita rica a pesar de tener novio o novia, es decir, que no vengan a decir que no han puesto los cachos así sea una vez en la vida, por más chiquita que sea… las mentiras piadosas siguen siendo mentiras).
Quizá una salida victoriosa es la que practica una amiga cada vez que entra en estado de consciencia de que puede ser víctima del encarrete. Huye, sin previo ni más aviso. Una simple despedida o más fácil aún, no más llamadas, no más visitas, no más nada de nada. Una decisión salomónica… sálvese quien pueda.
Para ellos el final no cambia mucho… creo, igual no tengo mayor autoridad para hablar al respecto. No soy hombre, por más que mis amigos hombres en ocasiones me tratan como uno más de ellos porque escucho sin juzgar sus diabluras, sus aventuras, sus picardías, lágrimas, confusiones, decepciones, desesperaciones.
Bueno, volvamos al principio. Tengo un nuevo amante y ¡qué cosa tan buena! Creativo, divertido, fantasioso, atlético, pasional, tierno, discreto, fuerte, sensible, fogoso, no sobra decir que es uno de los mejores amantes que he tenido hasta el momento, ¡qué cosita!
Obviamente, las cosas no son completas… esto es un planeta de humanos y aquí no hay perfección, así el destino, Dios, la vida, la fortuna o uno mismo ya tenga planeado su camino. Pues bien, él está más confundido que yo. Yo, que ya estoy entrando en el campo de la encarretada consciente; yo, que había prometido no salir con un man en todo este año; yo, que siempre caigo una y otra vez; yo, que no puedo resistirme a un buen beso, una linda sonrisa y un buen amante. ¿Qué se hace? Soy de esas mujeres que no temen disfrutarse una buena cama, que a sus 24 años acepta la responsabilidad de tener un buen reto en su catre, que decide a quién meter o no en sus sabanas porque mi culo es mío y yo veré qué hago con él.
Pero ya he decidido… qué más puedo hacer que no esperar mayor cosa y dedicarme a disfrutar. Ya pasé por un día de mojito cubano, chocolate y series romanticonas que acompañaron una agonía y la crisis de la confusión. ¡Fiu! Menos mal de esas me recupero rápido y vuelvo a estar lista para seguir en el mercado del soltero y en el campo de los amigos con derechos sin tantos deberes. Vamos a ver si en esta ocasión descubro una opción distinta a ser la encarretada, ser la que huye o ser de la que se encarretan.
Comentarios
Y mejor aún la idea de "la canita al aire" sin llenar nuestra cabeza de cucarachas con aquello de lo ético y lo moral, bueno aunque eso depende del nivel de "encarretamiento" que tengamos.. umm creo que voy a probar en qué nivel estoy ;)
Felicitaciones!!
Tienes una nueva adicta a tus letras.
Ramiro