Agua

Acabo de mudarme. Hay cajas regadas por la sala, las habitaciones y la cocina. Tengo sed, cargar tantas cajas y muebles, subir y bajar escaleras con ellos me ha dejado agotada. Tengo sed, hace calor sofocante, es una típica noche húmeda y pegajosa en Cúcuta, como una del peor verano europeo, del sur sudamericano o del sudeste asiático. Tengo sed.

No hay un solo vaso en la cocina, ni de vidrio ni de plástico. Estoy parada frente al lavaplatos y los grifos parecen tremendamente tentadores, abundantes. Tengo sed. Tengo calor. Tal vez una ducha pueda ayudarme a solucionar mi problema. Busco entre las cajas una toalla y jabón. Entro al baño, primero orino. Miro los grifos del lavamanos y la imagen se hace mucho más tentadora que la del lavaplatos. Tengo sed. 

Abro la llave de la ducha. Las gotas suaves caen y mojan mis labios. ¡Dios bendito, tengo sed! Poco a poco el agua va tocando toda la piel y el calor disminuye, el cabello se humedece y el clima parece más fresco. Tengo sed. No he permitido que una sola de las gotas caiga dentro de mi boca. Hace media vida no vivía en un lugar en el que no pudiese tomar el agua que cae por los grifos.

Crecí en Cúcuta, en la época de mi niñez tomar agua implicaba poner una olla en el fuego, hacerla hervir hasta creer que habían muerto todas las bacterias, esperar a que se enfriara con el ambiente y meterla en la nevera. A los 16 años llegué a vivir a Bucaramanga, fue raro aprender a no sentir temor con coger un vaso y tomar el agua de casi cualquier llave. A los 21 llegué a Bogotá y el agua también fue una cosa fácil que consistía en abrir un grifo y beber. A los 25 llegué a Italia, más vasos, más grifos. 

Tengo 33 años y estoy de regreso en Cúcuta. Tengo sed y tengo miedo de tomar agua del grifo, no he visto que una sola persona lo haga en Cúcuta; en las casas el agua sale de gigantes bolsas de plástico, botellones y botellas que la gente compra constantemente. Tengo sed. 

Enciendo el ventilador y me paro desnuda frente a él para que el agua se seque con el viento, viejo truco de ciudad caliente para refrigerar el cuerpo. Estoy cubierta de agua por fuera y seca por dentro. Tengo sed. Son las diez de la noche y no hay una sola tienda abierta en mi nuevo barrio, al que llegué apenas unas tres horas antes con mis motetes. Dormiré. Quiero que ya sea domingo a las ocho de la mañana para encontrar alguna tienda abierta. Tengo sed. En Cúcuta, el acueducto aún implica una olla al final del grifo. Tengo sed.

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