Hablemos de la prostitución infantil, no solo en Medellín

 

¿Qué pasa cuando la prostitución la ejercen niñas y niños, menores de edad? Sencillo: somos una sociedad que les ha fallado.

En Cúcuta tengo una experiencia propia y frustrante. La ciudad tiene cordones de miseria, barrios donde las casas siguen siendo de madera y la mayor preocupación es lograr comer al menos una vez al día o no sentir hambre.

Esta es la historia de dos hermanas, menores de edad, sin papá porque el hombre que las engendró abandonó a su mamá cuando se cansó de la responsabilidad. Dejaron la escuela al verse obligadas a trabajar desde muy pequeñas.

Las dos buscaron guía para utilizar métodos de planificación sexual cuando sus hormonas estallaron. Nadie les ayudó. La más pequeña fue a buscar una papeleta de café y una panela que un vecino le ofreció a la familia, el canalla cobró el favor violándola.

Su mamá las echó de la casa por estar embarazadas. Sus marcadas creencias católicas no les permitieron si quiera pensar en abortar, tampoco sabían cómo ni dónde hacerlo. Sus cuerpos delgadísimos apenas llegaron al día del parto, durmiendo en casas de amigas o donde las cogiera la noche. Por su puesto, los papás de los bebés decidieron que tampoco ellos querían esa responsabilidad.

Hablé con la Secretaría de Educación para retornarlas al sistema educativo, no hicieron nada porque estaban ‘fuera de edad’. Secretaría de Género: no hay ayuda porque son menores de edad, no importa la maternidad. Organizaciones sociales: no hay ayuda porque no son víctimas del conflicto ni migrantes, las feministas no tienen rubros o acciones para menores. Bienestar Familiar: sí, pero la mamá o un adulto de la familia debe responder por ellas, la misma familia que las ha violentado.

Finalmente, la única manera de ayudar en ese momento fue reunir dinero de particulares. Cuando la gente ya no pudo o se cansó de ayudar, los cuatro niños (las mamás y los bebés) quedaron nuevamente expuestos y frágiles a esta sociedad explotadora.

Los adultos que hemos debido cuidar y formar a estas niñas, niños y adolescentes no les hemos entregado alimentos, educación, salud ni protección. Mucho menos les hemos dado el cariño y la compasión para que desarrollen emociones amables, por lo contrario, les hemos entregado sólo violencia y desprecio. Es más fácil manipular esos cuerpos más frágiles, mucho más ingenuos, algunos rebeldes han aprendido formas agresivas para defenderse, no les hemos dado otras herramientas.

La explotación sexual de menores de edad en Cúcuta es cada vez más preocupante, como en el resto del país. Peor es la explotación de niñas y niños migrantes venezolanos o colombo venezolanos, que parecen importarles mucho menos a las entidades públicas. Con las organizaciones sociales la situación es distinta porque ahí, para los migrantes, sí hay fondos y recursos para recoger.

La gran preocupación con la prostitución es que no se haga en las calles que vemos todos. El tema parece no incitar a reflexionar en nuestro fracaso como Estado y sociedad.

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